En estos días en los que no
tenemos muchas certezas de lo que pasará en el futuro más próximo, es natural
que aparezcan emociones como el miedo o la ansiedad.
El miedo es una de nuestras
emociones primarias, y su función principal, es alertarnos sobre una situación
amenazante para que podamos protegernos. A priori parece una emoción bastante
negativa, puesto que nos hace sentir mal, nos acelera el corazón, la respiración
se intensifica e incluso puede llevarnos a perder el control, pero lo cierto es
que, aunque resulta muy desagradable, es una emoción que nos permite sobrevivir.
Por ello, es bueno aprender a ver
los miedos, como oportunidades de aprendizaje y saber cómo manejarlos. A
continuación os daré unas pautas.
1. Ponerle nombre
En primer lugar, hay que
conocer nuestros principales miedos, ponerles nombre y elaborar un listado en
el que concretemos qué es exactamente lo que nos asusta y porqué. Por ejemplo,
en la situación en la que actualmente vivimos, uno de esos miedos principales puede
ser salir a la calle y concretando un poco más, algunos motivos para sentir ese
miedo pueden ser:
- Por si nos contagiamos
- Por si alguien cercano a nosotros enferma o muere
- Por si no podré volver a ver a alguien cercano
- Por desconocer cómo serán las cosas después del estado de alarma, etc.
2. Tomar conciencia
Es decir, ser conscientes de
las reacciones que provoca en nuestro cuerpo ese miedo y de las reacciones
corporales y emocionales que percibimos, como pueden ser respiración acelerada,
imposibilidad de pensar y actuar claramente, pulso acelerado, etc. Y actuar
sobre esas reacciones tan pronto como sea posible. Por ejemplo, en el caso de
la ansiedad y de la respiración acelerada, que son las que más comúnmente suelen
hacer acto de presencia, podemos poner en práctica ejercicios de respiración
profunda o de relajación como los que te dejo a continuación.
3. Empezar a enfrentarlo.
Los miedos no desaparecen de
la noche a la mañana, pero si poco a poco somos capaces de reconocerlos, actuar
y empezar a hacerles frente, la parte más desagradable del miedo empezará a
diluirse y podemos pensar y actuar con más racionalidad. Por ello, es preciso preguntarnos
qué podemos hacer para enfrentarlo y hacer un pequeño plan de ataque. Por ejemplo,
si tu miedo es salir a la calle, comienza mentalizándote de que vas a salir,
después piensa en positivo que no va a pasar nada siguiendo las indicaciones
sanitarias, después ve poco a poco saliendo a la puerta de casa, después al
portal, después da un pequeño paseo, ve pasito a pasito hasta que te veas capaz
de controlarlo y enfrentarlo. En cada uno
de estos pasitos, si identificas alguna reacción corporal, actúa sobre la
misma, realizando respiraciones profundas, contando hasta 5, o cualquier otro
mecanismo que te sea efectivo.
Ahora te toca a ti ponerle
nombre, tomar conciencia y empezar a enfrentar tus miedos, respondiendo a las
siguientes preguntas:
1. Ponerle nombre: ¿A qué le tengo miedo?
Elaboro
una lista de porqué me da miedo esa situación
2. Tomar conciencia. ¿Qué reacciones provoca ese
miedo en mí?
¿qué puedo hacer para aliviar esas reacciones? Cuando las
identifique, las pongo en práctica.
3. Empezar a enfrentarlo. Elaboro un plan de ataque
para ese miedo y lo voy poniendo en práctica poco a poco.
4. ¡Genial! Soy capaz de controlar el miedo y no dejar que me sobrepase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario